Puente la Reina, situada en la Navarra Media, ha servido históricamente como un punto de transición tanto geográfica como culturalmente entre las características del Pirineo navarro y las de la Ribera. Esta zona ha vivido una interesante evolución lingüística; el euskera fue la lengua predominante en toda la comarca de Valdizarbe hasta finales del siglo XIX. Sin embargo, con la llegada de las guerras y el establecimiento de trabajadores foráneos del ferrocarril del Carrascal, su uso declinó casi por completo a principios del siglo XX. Hoy en día, se ha observado un resurgimiento del euskera gracias a los programas de euskaldunización promovidos por el Gobierno de Navarra. Cerca de Puente la Reina, en Uterga, el Abad Juan de Bearin escribió en 1621 un tratado de liturgia y un catecismo. En esa época, hacia 1635, el Obispado de Pamplona llegó a prohibir la predicación en cualquier idioma que no fuera el euskera, bajo la pena de excomunión.
La economía de Puente la Reina ha estado históricamente ligada a la agricultura, por lo que muchas de sus manifestaciones culturales están íntimamente relacionadas con los ciclos agrícolas y las tradiciones laborales rurales. Hasta el siglo XIV, se documenta la presencia de comunidades judías y agotes en la villa, quienes tenían su propio barrio y sinagoga. Entre los residentes judíos, destaca la familia Bergerac. Sin embargo, en 1328, tras la muerte de Felipe el Hermoso, se desencadenaron violentos pogroms en la localidad.
Arquitectónicamente, el casco histórico de Puente la Reina ha sido declarado Bien de Interés Cultural. La villa es un claro ejemplo de una fortificación medieval de planta rectangular, con calles rectas y edificios de notable calidad. Su estructura recuerda a las bastidas francesas comunes en la vecina Aquitania. Las casas típicas navarras, con zócalos de piedra, muros de ladrillo enfoscado y tejados a dos o cuatro aguas, se reparten por toda la villa. Además, varias casas nobles blasonadas, como la Casa del Vínculo y el Palacio del Patrimonial, enriquecen el paisaje urbano. La Calle Mayor coincide con el trazado del Camino de Santiago y desemboca en el emblemático puente románico que da nombre a la localidad. Diversas "belenas", o calles secundarias, comunican la Calle Mayor con las calles que circundan el lienzo de la muralla, la cual aún conserva algunos de sus torreones. La villa solía cerrarse durante la noche mediante puertas, ya desaparecidas, en un intervalo marcado por cuarenta campanadas, una tradición que se mantuvo hasta hace poco. En las afueras de la villa se encuentran la Fuente de la Grana y los restos de un palacio real que perteneció a Carlos III de Navarra, de la dinastía de Évreux.
Entre los monumentos religiosos más destacados se encuentran la Iglesia parroquial de Santiago (siglo XII), que alberga una talla románica de madera del apóstol Santiago el Mayor, conocida como "Beltza" por el hollín que la cubría cuando fue descubierta. También cuenta con una talla de la Virgen del Rosario, otra de San Bartolomé en piedra, un rico retablo barroco, y tibores chinos de la dinastía Ming en el presbiterio. La Iglesia del Crucifijo (siglo XII), que perteneció a la Orden de Malta y desde 1919 es gestionada por la Congregación de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús, destaca por un magnífico Cristo gótico de origen germánico con una peculiar forma de Y. La Iglesia de San Pedro alberga la Virgen del Puy, conocida popularmente como la Virgen "del Txori" por una leyenda local del siglo XIX. Además, el Convento de las Comendadoras del Sancti Spiritus de Zubiurrutia, del siglo XIII, y la Ermita de San Martín de Gomacin, de estilo prerrománico, cercana al Señorío de Villanueva, completan el rico patrimonio religioso de la localidad.
En cuanto a su patrimonio civil, el puente románico sobre el río Arga, que da nombre a la villa, es una estructura imponente construida en el siglo XI, probablemente por orden de doña Mayor, esposa del rey Sancho el Mayor, o de doña Estefanía, esposa del rey García de Nájera. Este puente, que mide 110 metros de longitud y está sostenido por siete arcos de medio punto (uno de ellos bajo tierra), se ha mantenido como un símbolo de la población y del Camino de Santiago. Originalmente, el puente albergaba imágenes de santos para la devoción de los peregrinos, un crucifijo, una cruz de piedra, y un lugar destinado a las limosnas para los presos de la cárcel. Aunque estas expresiones socioculturales han desaparecido con el tiempo, el puente sigue siendo un emblema de la rica historia de Puente la Reina. Además, el casco histórico está rodeado por una muralla medieval con torreones que aún se pueden admirar. La Casa del Vínculo y el Palacio del Patrimonial, ambos de estilo italiano, así como los restos del Fuerte Infanta Isabel, construido en el siglo XIX durante las guerras carlistas, y los restos del palacio real de la Grana, donde los monarcas de la dinastía Évreux pasaban temporadas, son también parte del valioso patrimonio de la villa.
Las festividades en Puente la Reina incluyen las Fiestas de Santiago, que se celebran del 24 al 29 de julio, las Ferias, que tienen lugar el último fin de semana de septiembre, y la Romería a San Martín de Gomácin, que se celebra el 1 de mayo y el fin de semana cercano al 14 de septiembre. También destacan las Fiestas de la Juventud, que se celebran el fin de semana cercano al 15 de mayo. En cuanto a la gastronomía, los vinos de alta calidad elaborados en el Señorío de Sarría y el clarete característico de la D.O. Valdizarbe son especialmente apreciados. La localidad también es conocida por sus productos agrícolas, como alubias pochas, pimientos, tomates, espárragos y otras verduras, que reflejan la fertilidad de la zona. Platos tradicionales como la abadejada, costillas de pastenco al sarmiento, cordero en fritada y en chilindrón, magras con tomate y pochas de Campollano, así como la ternera navarra y la trucha con jamón o el bacalao al ajoarriero, son representativos de la gastronomía autóctona.
Puente la Reina es un punto de confluencia clave en el Camino de Santiago, donde las rutas jacobeas franco-navarra y franco-aragonesa, que provienen de Roncesvalles y Somport respectivamente, se unen para formar el Camino Francés que llega hasta Santiago de Compostela. Esta unión se simboliza en un monumento al Peregrino, desde donde los peregrinos cruzan el arco de la iglesia del Crucifijo y recorren la calle Mayor hasta el majestuoso puente románico de siete ojos, construido sobre el río Arga para facilitar el paso de los peregrinos. La estructura urbana de la villa, con tres calles paralelas y varias casas con torreones de sus murallas, es un claro ejemplo del diseño de bastida, común en las ciudades medievales.
Entre su rico acervo monumental destaca la iglesia de Santiago, con una bella portada románica influenciada por el estilo morisco, y la iglesia del Crucifijo, fundada por los templarios y ampliada en el siglo XIV. También son dignos de mención su gran puente medieval de cinco arcos, la iglesia de San Pedro, del siglo XIV, y el convento de Comendadoras del Sancti Spiritus.
Puente la Reina, cruce vital de caminos y culturas, ha sido testigo de un notable desarrollo económico y cultural a lo largo de los siglos. La iglesia del Crucifijo, con su Virgen con Niño del siglo XII y el Crucificado gótico de origen alemán, es un ejemplo del legado artístico y religioso de la villa. La calle Mayor, con su mezcla de arquitectura popular, casas blasonadas, palacios y comercios artesanos, es una muestra del patrimonio cultural que aún se conserva en Puente la Reina.
La leyenda del "Txori" (que significa pájaro en euskera) es una de las más conocidas de Puente la Reina. Según la tradición, la Virgen del Puy, una efigie mariana que originalmente estaba situada en una pequeña capilla dentro del torreón central del puente, era limpiada diariamente por un pajarito que cogía agua del río con sus alas. Esta Virgen es conocida hoy en día como la Virgen del Txori, y su imagen se encuentra en la iglesia de San Pedro, a donde fue trasladada en 1843 tras la demolición del torreón central del puente.