Palacio de Carondelet

El Palacio de Carondelet, conocido también como el Palacio Nacional o Palacio de Gobierno, es uno de los edificios más emblemáticos de Ecuador. Su nombre, "Carondelet", se ha popularizado entre los ecuatorianos y la prensa política, aunque oficialmente se le denomina Palacio Presidencial. La construcción del Palacio tiene una rica historia que data de los tiempos coloniales, y ha sido testigo de numerosos cambios a lo largo de los siglos, tanto en su estructura como en su interior.

El Palacio fue originalmente edificado en el siglo XVIII, en el contexto de la época virreinal, como residencia de los presidentes del Ecuador y sede de importantes funciones gubernamentales. A lo largo de los años, el edificio ha sufrido varias reformas y reconstrucciones, la más importante de ellas entre 1956 y 1960, cuando el Palacio fue prácticamente reconstruido. Esta renovación incluyó la sustitución de las columnas coloniales de ladrillo por las actuales columnas de piedra, una decisión que generó controversia debido al valor histórico de las estructuras originales. Muchos de estos trabajos de demolición y restauración se hicieron de noche para evitar la oposición popular, que ya comenzaba a cuestionar las transformaciones que se estaban llevando a cabo en el edificio.

El edificio también ha sido escenario de varios momentos significativos en la historia de Ecuador, como las visitas de figuras internacionales y eventos que marcaron el destino político del país. De hecho, en una foto histórica de 1910, se muestra la fachada del Palacio decorada con pintura en tonos rosados que imitaba el mármol, un detalle de influencia francesa que era común en esa época. Curiosamente, este estilo decorativo aún se conserva en algunos edificios de la ciudad de Cuenca, un testimonio de la influencia europea en la arquitectura de la región. Además, en el libro El Palacio de Carondelet se menciona cómo durante la demolición, muchos de los muebles originales, incluidos algunos de los famosos muebles de estilo Luis XV, fueron retirados y conservados en otros edificios del gobierno, como el Palacio de Najas.

Uno de los aspectos más sorprendentes de la historia del Palacio es el saqueo de sus objetos y muebles, especialmente a partir de la presidencia de León Febres Cordero. Según la investigadora María del Carmen Molestina, el Palacio ha sido víctima de un "saqueo sistemático" a lo largo de los años, donde muchos de los elementos de la época de García Moreno, como los apliques de bronce, fueron reemplazados por réplicas de plomo con spray dorado. Este proceso, que se intensificó en las décadas posteriores a la restauración de 1956, es un tema de investigación debido a la falta de documentación sobre la suerte de las pertenencias del Palacio durante este tiempo.

Uno de los elementos más emblemáticos de la fachada del Palacio es su campanario, que data de la restauración de la década de 1950 y que incluye un reloj instalado por el presidente García Moreno. El campanario, junto con los detalles decorativos de la fachada, como los frontones adornados con las armas de Ecuador y cañones, refleja el estilo arquitectónico de la época, fusionando elementos del barroco con influencias europeas. La fachada actual, que fue construida en su mayoría durante la reconstrucción de 1956, conserva la imponente estructura de piedra andesita y una logia con columnas dóricas que se extienden hacia la Plaza de la Independencia, un espacio tradicionalmente usado por los presidentes para saludar a la multitud en eventos oficiales.

En cuanto a los interiores del Palacio, destaca el uso de materiales nobles como la madera, que ha sido empleada en pisos, techos y mobiliario a lo largo de los siglos. Los salones del Palacio están decorados con una impresionante colección de pinturas de artistas ecuatorianos, como Oswaldo Viteri y Jaime Zapata, y con muebles de estilo clásico que combinan lo tradicional con lo moderno. Uno de los elementos más interesantes es la Escalera de Honor, que lleva al segundo piso del Palacio, flanqueada por elegantes pasamanos de hierro forjado y coronada por un mural del famoso artista ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, que ilustra el descubrimiento del río Amazonas.

En el segundo piso, que alberga las oficinas más importantes de la presidencia, como el Despacho Presidencial y el Salón Amarillo, se pueden observar detalles de la arquitectura de conventos quiteños, como las arcadas en la galería superior, influenciadas por el Convento de San Agustín. Estos espacios, cargados de historia, ofrecen una atmósfera solemne que refleja la importancia del lugar como centro de poder del país. Entre los objetos de interés, destacan los muebles de época, como una mesa de estilo virreinal y sillas de finales del siglo XIX, que fueron encargadas por el presidente Luis Cordero al escultor italiano Juan Bautista Minghetti.

El Salón de Banquetes, que se encuentra en el costado sur del segundo piso, es otro de los lugares emblemáticos del Palacio. Es un amplio y elegante espacio que se utiliza para importantes eventos oficiales, como cenas de Estado y reuniones con delegaciones extranjeras. El mobiliario y la decoración de este salón, que incluye un piano de cola del siglo XIX y lámparas de cristal de Baccarat, reflejan el lujo y la importancia del lugar. Aunque el Palacio ha sido renovado varias veces, aún conserva muchos de sus elementos originales que lo conectan con la historia y la tradición política de Ecuador.

El Oratorio del Palacio, que fue readecuado durante el gobierno de Sixto Durán Ballén, es otro espacio destacado. Este pequeño y acogedor salón alberga un altar barroco del siglo XVII y varias figuras de la escuela quiteña. Aunque ha sido restaurado en varias ocasiones, conserva su ambiente espiritual y es un lugar de reflexión para los presidentes y sus invitados.

El Palacio de Carondelet sigue siendo, hasta hoy, el corazón político de Ecuador, un símbolo de la historia y la tradición del país. A lo largo de los años, ha sido testigo de innumerables cambios, reformas y momentos cruciales para la nación, pero su grandeza y su legado perduran. A pesar de las controversias en torno a su reconstrucción y los saqueos sufridos, el Palacio sigue siendo un espacio cargado de historia, cultura y poder, donde la política ecuatoriana continúa desarrollándose y donde se mantienen vivas las memorias de un pasado que sigue moldeando el futuro del país.

Artículo obtenido de Wikipedia en su versión del 19/01/2024, por varios autores bajo la Licencia de Documentación Libre GNU.