La construcción del Mercado Central de Santiago comenzó en 1869, tras el incendio que destruyó la antigua plaza de Abastos en 1864. El edificio, diseñado por Edward Woods y Charles Henry Driver, presenta una planta cuadrada con una estructura central de hierro, fundida en Glasgow, Escocia, por la empresa Messrs Laidlaw & Sons. Esta estructura de hierro cubre un patio interior rodeado por un perímetro de albañilería de ladrillo cocido, cuyo diseño fue realizado por el urbanista Manuel Aldunate y Avaria.
El arquitecto Fermín Vivaceta dirigió la construcción, que estuvo a cargo del contratista Juan Estephani y se completó el 23 de agosto de 1872. La inauguración coincidió con la Exposición Nacional de Artes e Industrias, organizada por el intendente Benjamín Vicuña Mackenna durante el gobierno de Federico Errázuriz Zañartu.
Desde su apertura, el Mercado Central ha sufrido varias modificaciones. En 1884, se agregó un segundo anillo de ladrillo en el perímetro. En 1900, se instaló iluminación eléctrica y se sumaron puestos informales. Entre 1927 y 1930, se demolió la fachada norte para ampliar la calle Ismael Valdés Vergara. En 1983, el edificio fue restaurado por la Municipalidad de Santiago, añadiendo nuevas oficinas administrativas en la calle San Pablo. Actualmente, el mercado cuenta con dos pisos y alberga 241 locales —incluyendo restaurantes, carnicerías, panaderías, pescaderías, y tiendas de abarrotes y artesanía— en los que trabajan unas 800 personas, y que son frecuentados por turistas nacionales e internacionales.
Hoy en día, el Mercado Central es conocido por su oferta gastronómica, que preserva recetas tradicionales chilenas, destacándose platos típicos como el mariscal, la paila marina y el pescado frito, convirtiéndose en un símbolo del patrimonio culinario de Chile.