El Torcal de Antequera es un espacio natural de 1171 hectáreas ubicado en el término municipal de Antequera. Este paraje es famoso por las sorprendentes formas que han esculpido en sus rocas calizas los diversos agentes erosivos, lo que lo convierte en un claro ejemplo de paisaje kárstico. Desde 1929 se reconoce su valor, siendo el primer Espacio Natural Protegido Andaluz de interés nacional. Posteriormente se le declaró Parque de la Reserva Natural en 1978, Paraje Natural en 1989 y, en 2014, Zona Especial de Conservación. Además, la sierra cuenta con la designación de Zona de Especial Protección para las Aves por la Junta de Andalucía. En 2013 fue elegida como segundo finalista de El Mejor Rincón por Guía Repsol y, en 2016, se incluyó en el Patrimonio Mundial como parte del Sitio de los Dólmenes de Antequera, en relación con la orientación del tholos de El Romeral hacia su cima.
Sus orígenes se remontan a la Era Mesozoica, concretamente al período Jurásico, cuando la zona formaba parte de un alargado corredor marítimo que conectaba el golfo de Cádiz con Alicante, uniendo los antiguos océanos Atlántico y Mediterráneo. Durante la Orogenia Alpina en la Era Terciaria, los sedimentos calizos depositados en ese corredor fueron elevados por fuerzas tectónicas, dando lugar a sierras cuyos picos adquirieron formas similares a champiñones. El Torcal forma parte del arco calizo de las Sierras Subbéticas.
Desde el punto de vista geológico, el Torcal está constituido por tres tipos de rocas calizas: oolíticas, brechoides y clásticas, que se originaron en un fondo marino hace entre 201 y 145 millones de años. Estos sedimentos, cementados por sales y precipitados marinos, fueron posteriormente elevados a más de 1000 metros sobre el nivel del mar. La acción de fracturas y fallas, orientadas en direcciones perpendiculares, produjo grietas que, con la erosión, se convirtieron en corredores o callejones. Posteriormente, procesos de gelifracción y la disolución diferencial de las calizas por el ácido del CO₂ presente en la lluvia han dado lugar a formas rocosas de nombres tan característicos como el “tornillo”, el “sombrerillo”, el “ataúd” o el “dado”. La disolución superficial ha generado también terrenos lapiaz, caracterizados por su difícil tránsito.
El Torcal posee una rica red de formas subterráneas, con más de un centenar de simas y cuevas exploradas. Entre las más destacadas se encuentra la Sima de la Unión, que alcanza una profundidad de 225 metros, así como la Sima Azul y la Sima de la Mujer. Asimismo, cuevas de gran importancia histórica, como la Cueva de El Toro y la de Marinaleda, albergan yacimientos prehistóricos y evidencian la prolongada ocupación humana en la zona. Estas cavidades se formaron por procesos kársticos de disolución y ensanche de las calizas, tanto en la superficie como en el subsuelo.
La biodiversidad del Torcal es notable tanto en su flora como en su fauna. Aunque las formaciones vegetales originales han sido parcialmente afectadas por actividades humanas como el pastoreo, la tala y el carboneo, el paraje conserva una riqueza botánica destacable, con numerosas especies raras y endémicas, entre las que destaca la Atropa baetica. La vegetación se organiza en estratos arbustivos y subarbustivos, con espinares y zarzales, y en áreas favorables se pueden observar comunidades de encinares béticos, pastizales en las depresiones kársticas y formaciones rupícolas en el Torcal Alto, donde convergen varios endemismos.
En cuanto a la fauna, el área es especialmente reconocida por su diversidad de aves de presa, como el buitre leonado, el águila real y el águila perdicera, además de otras especies de rapaces y aves como el halcón peregrino, la aguililla calzada y el búho real. Entre los mamíferos destaca la cabra montés, presente en gran número, y la variedad de pequeños carnívoros, zorros, tejones y comadrejas que habitan en los matorrales y bosques. Las grutas y simas del Torcal también son refugio para diversas colonias de murciélagos, entre los que se encuentran especies como el murciélago grande de herradura y el orejudo meridional.
El paraje dispone de un centro de visitantes accesible desde Antequera a través de la carretera A-343 y la A-7075, con entrada ubicada en el kilómetro 42 de la última. Este centro cuenta con un área interpretativa, un observatorio astronómico, servicios básicos, tienda, restaurante y dos zonas de aparcamiento. Además, el Torcal ofrece tres rutas de senderismo de uso público: la Ruta Naranja, de 3,5 km, que conecta dos aparcamientos; la Ruta Amarilla, de 3 km, con tramos panorámicos y otros más estrechos y húmedos; y la Ruta Verde, un atajo de 1,5 km ideal para familias y niños. El centro organiza diversas actividades y visitas guiadas fuera de estos senderos. Los impresionantes paisajes del Torcal han servido de escenario para rodajes, como en la serie Warrior Nun, estrenada en 2020 en Netflix.