Dolmen de Viera

El dolmen de Viera es un monumento megalítico reconocido como Patrimonio Mundial de la Unesco desde el 15 de julio de 2016 y como Bien de Interés Cultural. Este monumento está ubicado en el primer recinto del conjunto arqueológico de los Dólmenes de Antequera, junto al dolmen de Menga, en la zona monumental conocida como Campo de los Túmulos.

Se trata del prototipo de sepulcro de corredor, perteneciente a la tradición atlántica, construido con grandes piedras verticales y horizontales. Su orientación está dirigida hacia el amanecer durante los equinoccios. El dolmen cuenta con una cámara cuadrada, que mide 210 cm de altura por 180 cm de ancho, situada al final de un corredor de 21 metros, el cual tiene 185 cm de altura y 120 cm de ancho. En el tramo exterior del lado norte del corredor, algunos de los ortostatos exhiben oquedades o “cazoletas”, propias del arte esquemático, y en su interior se pueden apreciar restos de pintura rojiza y señales de oxidación. La estructura completa se cubre con un túmulo de 50 metros de diámetro, similar al del dolmen de Menga.

Construido aproximadamente entre el 3510 y el 3020 a. C. durante el Neolítico, el dolmen fue descubierto en febrero de 1903 por los hermanos José Viera Fuentes y Antonio Viera Fuentes, funcionarios del Ayuntamiento de Antequera. Inicialmente se le llamó la Cueva Chica, en contraposición a la cueva de Menga, de mayores dimensiones. Posteriormente, el arqueólogo Manuel Gómez-Moreno Martínez lo rebautizó como “dolmen de Viera” en honor a los hermanos descubridores.

La primera restauración documentada se realizó en 1941 por el arquitecto Francisco Prieto-Moreno y Pardo, quien procedió a limpiar el corredor, instalar tres escalones para facilitar el acceso, reconstruir los taludes con piedras y reparar la cancela para su cierre. La última intervención, llevada a cabo en 2004 por el arquitecto Ciro de la Torre Fragoso, tuvo como objetivo solucionar problemas de conservación derivados de filtraciones en el túmulo. Durante este proceso se consolidaron las estructuras, se mejoraron los drenajes y se recreó la imagen exterior mediante el recrecido del túmulo y la formalización del atrio, imagen que se aprecia actualmente.

El valor cultural del dolmen de Viera reside en su carácter de prototipo en la península ibérica, especialmente por su orientación al amanecer en los equinoccios de primavera y otoño. Esta disposición permite que la luz del sol penetre hasta el borde de la cámara mortuoria en esos días, simbolizando el tránsito de la vida a la muerte y de la luz a la oscuridad. Tal alineación marca los extremos del recorrido solar durante los equinoccios, reflejando la importancia de las cuatro estaciones para las comunidades agrícolas del Neolítico de la región de Antequera, constructoras de estos megalitos. Este fenómeno ha sido objeto de estudio por el arqueoastrónomo Michael Hoskin en su obra sobre las orientaciones de tumbas y templos en el Mediterráneo.

El nivel de protección del dolmen de Viera se ha ido consolidando a lo largo del tiempo. En 1923, se declaró junto al dolmen de Menga como Monumento Nacional. Posteriormente, en 2009, se reconoció a los dólmenes de Antequera como una zona arqueológica de Bien de Interés Cultural, abarcando tanto el dolmen de Menga y Viera como el tholos de El Romeral. Finalmente, en 2016, fueron incluidos en la figura del Patrimonio Mundial como parte del Sitio de los Dólmenes de Antequera.

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