La Peña de los Enamorados es un peñón calizo ubicado en el municipio de Antequera, en la provincia de Málaga, Andalucía, España. Se eleva a 874 metros sobre el nivel del mar y se sitúa en las proximidades de la autovía A-92 y la antigua N-342, abarcando 117 hectáreas de paisaje de interés cultural.
Este lugar ha sido reconocido por la UNESCO como Patrimonio Mundial, formando parte del Sitio de los Dólmenes de Antequera junto al dolmen de Menga, el dolmen de Viera, el tholos de El Romeral y la sierra de El Torcal.
La importancia arqueológica de esta zona es notable desde el Paleolítico inferior, evidenciada por el elevado nivel de ocupación que ha tenido Antequera a lo largo de la historia. Al este de la Peña se encuentran numerosos yacimientos, como Los Olivillos, Los Olivillos III, Cerro de la Virgen, Frente Camino de Peralta, Caserío de Lerva II, Casería Nueva, Casería de la Mancha, Casería San Antonio, Los Portones de la Puebla, Partido Alto I, Partido Alto II, Arroyo Adelfas, Camino San Felipe, Huerta Ciprés y Huerta Palero. La ubicación del yacimiento determina unas estructuras que se adaptan de forma singular a la orografía del terreno, generando un paisaje único, y los estudios han permitido documentar una secuencia estratigráfica que inicia en la época postpaleolítica y se extiende hasta el período romano y medieval. Además, este asentamiento se destaca como uno de los más occidentales dentro de la órbita de la Cultura del Argar y constituye un enclave fundamental del Bronce Final en las tierras interiores de Málaga, ofreciendo claves para estudiar el sustrato anterior a la aparición de los asentamientos fenicios en la costa.
La primera ocupación superficial de la peña se asocia tradicionalmente con la Edad del Bronce en un horizonte pleno, evidenciado por materiales cerámicos en los que predominan las facturas alisadas, espatuladas o bruñidas, presentes en cuencos, vasijas carenadas, ollas grandes y orzas. La presencia de cistas elaboradas con lajas de caliza sitúa este primer momento en un contexto argárico. Durante trabajos de prospección se detectaron elementos erosionados en la falda oeste de la peña que indican un establecimiento ligeramente más antiguo, con abundante cerámica de estilo campaniforme y testimonios de una intensa actividad metalúrgica orientada al procesamiento del cobre. Tras un hiato en el Bronce Tardío, la ladera fue reocupada en el Bronce Final, evidenciado por la presencia de cerámica típica de esa época, especialmente fuentes carenadas con buen tratamiento superficial. La ubicación del emplazamiento facilitaba la defensa y el control de rutas hacia la vega de Antequera, y los enterramientos se realizaban mediante inhumaciones en cistas dentro del núcleo habitacional.
La etapa romana se refleja en el yacimiento mediante restos cerámicos dispersos y estructuras, con una necrópolis situada en un área próxima al río Guadalhorce y a la vía que conectaba Antikaria con Ilíberis, siguiendo el patrón tradicional de la época. Las tumbas se caracterizan por contar con cubiertas de tejas a dos aguas, y sus materiales se extienden desde el primer hasta el cuarto siglo de nuestra era. En el período medieval se han encontrado, en superficie, restos cerámicos y constructivos, así como estructuras que se interpretan tradicionalmente como defensivas.
En la base de la cara noroeste de la Peña se ubica el abrigo de Matacabras, un hito fundamental por su conexión con el Conjunto Arqueológico de los Dólmenes de Antequera, en particular con el dolmen de Menga, cuyo eje central apunta hacia este abrigo. El sepulcro se orienta hacia el noreste, al norte del amanecer en el solsticio de verano, una disposición considerada totalmente inusual en este contexto. En su interior se conservan pinturas con motivos rojos, de carácter zoomorfo y antropomorfo, de cronología postpaleolítica.
La leyenda asociada a la Peña de los Enamorados añade un toque romántico y trágico a su historia. Su forma recuerda el rostro de una mujer reclinada y recibe su nombre de una historia tardomedieval en la que, tras una batalla entre musulmanes y cristianos, se captura a un supuesto comandante cristiano. Este preso se enamora de la hija del rey musulmán, y al planear huir juntos, son perseguidos por el rey. Al llegar al pico de la peña y al verse acorralados, deciden lanzarse al vacío en un último abrazo, buscando la unión eterna. La trágica muerte de los amantes habría conducido a la paz entre los bandos. En la cumbre de la peña se erige una estatua de piedra que representa a una joven y un hombre abrazados, y se dice que al atardecer, cuando el sol baña la peña en destellos rojizos, es reflejo de la sangre derramada por estos amantes. Esta leyenda fue relatada por el humanista y poeta neolatino de Antequera, Juan de Vilches, en su obra publicada en Sevilla en 1544.