El tholos de El Romeral, también conocido como dolmen de El Romeral o cueva de El Romeral, es un monumento megalítico que fue declarado Patrimonio Mundial el 15 de julio de 2016 y reconocido como Bien de Interés Cultural. Este monumento se encuentra en el segundo recinto, a menos de dos kilómetros de los dólmenes de Menga y Viera, ubicado en el eje que conecta el dolmen de Menga con la Peña de los Enamorados.
La estructura de El Romeral destaca por su tipología de cúpula formada mediante la aproximación de hiladas, propia de la tradición mediterránea, y por su doble orientación inusual: por un lado, hacia la sierra de El Torcal, lo que subraya su vinculación geográfica, y por otro, hacia los ortos solares durante el mediodía del solsticio de invierno, mostrando un interés astronómico. Está constituido por un corredor adintelado de sección trapezoidal que se extiende por cuatro metros, construido con grandes lajas y piedras pequeñas. Al final del corredor se ubican dos cámaras circulares, siendo la primera de mayor diámetro y destinada a las ofrendas, que incluye una piedra de altar. Estas cámaras se erigen mediante pequeñas piedras salientes en cada hilada en comparación con la inferior, lo que permite obtener una sección abovedada; en el extremo, el sistema se cierra con una cobija. Todo el conjunto se protege con un túmulo de 75 metros de diámetro, rodeado por un perímetro de cipreses.
La historia del tholos se remonta aproximadamente al periodo comprendido entre el 3000 y el 2200 a. C. durante el Calcolítico. Fue descubierto en agosto de 1904 por los hermanos José Viera Fuentes y Antonio Viera Fuentes, funcionarios del Ayuntamiento de Antequera, quienes inicialmente lo denominaron Sepulcro del Cerrillo Blanco. Más tarde, el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco estableció el nombre de El Romeral, haciendo referencia a la finca donde se encontró, propiedad del político antequerano Francisco Romero Robledo.
La primera restauración documentada tuvo lugar en 1941, cuando el arquitecto Francisco Prieto-Moreno y Pardo procedió a limpiar el corredor, reemplazar tres losas de la cubierta por otras similares, reparar los huecos en el corredor y la cámara utilizando lajas de piedra, instalar iluminación eléctrica para facilitar las visitas y el mantenimiento, restaurar el área destinada a las ofrendas y colocar una inscripción conmemorativa en la entrada. La intervención más reciente data de 2002, a cargo del arquitecto Ciro de la Torre Fragoso, quien, con fines de conservación, fijó cuatro losas de la cubierta con varillas de acero inoxidable y eliminó dos grafitis. Además, se creó un nuevo pavimento en el sepulcro con una capa de alpañata e instaló un sistema de iluminación interior que mejora la musealización in situ.
El valor universal excepcional de este monumento radica en su orientación anómala, la cual apunta hacia la sierra de El Torcal. Esta característica inusual fue identificada por el arqueoastrónomo Michael Hoskin, quien, tras medir más de dos mil dólmenes en el Mediterráneo, documentó este fenómeno en su obra sobre las orientaciones de tumbas y templos, ofreciendo así una perspectiva renovada sobre la Prehistoria del Mediterráneo.